

Descripción
Cuando la abuela de Rae Valmont le ofrece la empresa familiar, con la condicion de que demuestre "estabilidad" sentando cabeza, Rae entra en panico y miente: ya tiene un novio serio. ¿El problema? No lo tiene. ¿La solucion? Pedirle a su mejor amigo y socio, Miles, que finja ser su pareja mientras esquiva tanto a su padre controlador como al irritantemente apuesto candidato de fusion que su abuela insiste en presentarle. Lo que comienza como un acuerdo sencillo con limites claros (nada de besos, ni toques sorpresa, chequeos regulares) pronto se complica cuando fingir estar enamorados empieza a sentirse menos como una actuacion y mas como finalmente decir la verdad. Ahora Rae debe elegir entre el camino seguro que protege todo lo que ha construido y la aterradora posibilidad de que la mejor relacion de su vida haya estado escondida a la vista durante anos.
Capítulo 1
Dec 11, 2025
[Perspectiva de Rae]
El ramo que agarro con fuerza de muerte cuesta más que la cuota de un coche para la mayoría de la gente. Fresias por la honestidad y hiedra por el compromiso: el lenguaje floral pasivo-agresivo en su máxima expresión.
La casa de la abuela Beatrice es un cruce entre Downton Abbey y Restoration Hardware. Ella reina en su invernadero, rodeada de orquídeas con fondos fiduciarios propios.
—Aurelia. —Ni siquiera levanta la vista de la poda—. Trajiste flores a una mujer que posee un jardín botánico. Eso es audaz.
—Traje simbolismo a una mujer que aprecia el subtexto. —Dejo el arreglo sobre su mesa de mármol—. Además, tus orquídeas muestran deficiencia de nitrógeno.
Eso sí llama su atención. Beatrice Valmont, setenta y dos años y lo bastante aguda como para operar con la lengua, sonríe de verdad.
—Siéntate. Tenemos asuntos que tratar.
El servicio de té cuesta más que el presupuesto anual de mi startup, pero aprendí a no pestañear. Esa es la prueba.
—Me retiro —anuncia, como si hablara del clima en vez de poner mi mundo patas arriba—. Y necesito nombrar pronto a mi sucesor.
Mi corazón hace algo médicamente inadmisible.
—Beatrice—
—Podrías ser tú, querida. Debería ser tú, no tu padre. —Da un sorbo al té con la satisfacción de quien acaba de encender una mecha carísima—. Laurent es brillante con los números, pero terrible con la gente. Tienes el don de tu madre para ver lo que otros pasan por alto. Pero la junta necesita convencerse.
Por poco dejo caer la taza. Ella nunca menciona a mi madre. Nadie menciona a mi madre. No desde que desapareció cuando yo tenía quince años, sin dejar más que un silencio magullado y la furia controlada de mi padre.
—Hay una condición —continúa Beatrice, porque claro que la hay—. Debes demostrarle a la junta que tienes estabilidad. Quieren garantías antes de que pueda nombrarte.
—Florisight es estable.
—No tu florería, querida. Tú. —Deja la taza con un chasquido decisivo—. Quieren verte establecida. En pareja. La palabra que usaron fue "arraigada", que ambas sabemos es código para "casada". Sin eso, la sucesión pasa a Laurent.
La risa que se me escapa podría desconchar la pintura.
—¿Estás bromeando?
—Nunca bromeo sobre dinero, querida. Es vulgar. —Toma una carpeta que ha estado ahí cual mina terrestre—. Por eso me tomé la libertad de organizar algo adecuado. Dorian Hale.
El nombre me despierta recuerdos. En mi mente, sigue siendo el niño de once años con aire de "el mundo gira a mi alrededor". ¿Y ahora se supone que será mi esposo por convenio?
Beatrice desliza una foto sobre la mesa. Por supuesto, Dorian Hale parece diseñado genéticamente para fusiones: ojos ámbar, mandíbula perfecta, hombros anchos. La autosuficiencia parece irradiar de la foto.
—La participación de su familia complementaría perfectamente la nuestra —prosigue Beatrice—. Pondría fin a las disputas entre accionistas, estabilizaría el mercado, te daría el respaldo que necesitas…
—No. —La palabra sale más dura de lo que pretendía—. No voy a jugar a esto del matrimonio arreglado. Vi cómo destruyó a mis padres y no pienso—
—Entonces Laurent lo obtiene por defecto. —Su voz es seda sobre acero—. Sólo hay dos opciones, querida. Demuestra que puedes relacionarte apropiadamente o mira cómo tu padre se queda con todo.
Mi mente baraja posibilidades. No puedo dejar que mi padre gane, no después de que ahuyentó a mi madre con su filosofía de ganar a cualquier costo. ¿Pero el matrimonio como fusión? Esa es la trampa que llevo años evitando.
—¿Y si ya estoy saliendo con alguien? —La mentira fluye suave—. ¿Y si ya estamos hablando de matrimonio?
La ceja de Beatrice se eleva apenas perceptible.
—Cuéntame más.
—Lo hemos mantenido en secreto. Cuestiones profesionales. —Ahora improviso, haciendo malabares ante el desastre—. Pero es serio. Nivel conversación de matrimonio.
Me estudia como a una de sus orquídeas, buscando podredumbre.
—Tendré que conocerlo entonces. Mañana. Brunch.
—¿Mañana?
—¿O acaso este misterioso novio tiene conflictos de agenda? —Su sonrisa podría convertir la miel en veneno—. Ah, y Aurelia, te aconsejo que mantengas tus opciones abiertas hasta que todo esté resuelto. Por las apariencias. A la junta le gustan las opciones.
—¿Quieres que exhiba a ambos como si esto fuera una democracia romántica?
—Quiero que demuestres que puedes manejar interesados complejos. —Vuelve a la poda—. Considéralo tu audición para CEO.
Salgo de su casa con la dignidad colgando de un hilo. El trayecto al almacén de Florisight dura veinte minutos, suficiente para repasar cada posible candidato a novio falso. Mis opciones se limitan a hombres que no venderían la historia a TMZ: aproximadamente ninguno.
El almacén está helado; no podemos costearnos calefacción adecuada, sólo estufas eléctricas.
Miles está aquí, porque Miles siempre está aquí. Mi CFO, mi mejor amigo desde la universidad, mi ojalá cómplice. Etiqueta cubetas de rosas con la concentración de quien desactiva una bomba.
—Tenemos que hablar —anuncio.
—Eso nunca es bueno. —Ni levanta la vista—. ¿Perdimos la boda Frederickson?
—Peor. Mi abuela se retira.
Ahora sí me mira.
—¿Eso es una buena noticia?
—Me nombra sucesora.
—Eso es una buena noticia.
—Sólo si me caso.
Miles deja caer la etiquetadora. El aparato retumba en el concreto como un punto final.
—¿ Qué ?
Le explico todo: el ultimátum de Beatrice, Dorian Hale y sus pómulos de fusión, la mentira que conté sobre ya tener novio. Miles escucha con esa quietud peculiar suya cuando procesa catástrofes, calculando daños en tiempo real.
—Entonces… ¿qué necesitas de mí? —pregunta lentamente, comenzando a entender.
Respiro hondo.
—Te necesito como mi novio falso.
—¿ Qué carajos , Rae? —explota, perdiendo el color.
El pánico está en sus ojos. Mi respuesta es apresurada y nerviosa.
—Necesito a alguien en quien confíe. Alguien que no me venda. Alguien capaz de soportar las técnicas de interrogatorio de mi abuela. —Respiro como si tragara vidrio—. Mira, sé que esto es una locura. Sé que pido demasiado. Pero Miles…
Mi voz se quiebra, y me detesto por ello. Las palabras están en la punta de mi lengua: "No puedo con esto sola", pero no lo digo. Veo en los ojos de Miles que lo ha entendido igual.
El silencio se extiende entre nosotros como una cuerda floja. Sus manos están inmóviles sobre la etiquetadora, nudillos blancos. Puedo ver cómo repasa cada posible respuesta, cada ruta de escape, cada razón para decir que no.
—Rae, esto es… —Se detiene, traga saliva—. ¿Tu abuela? ¿Tu padre? ¡¿Toda la junta?! ¿Me pides que les mienta a todos?
—Lo sé…
—¿Y que finja ser… qué, exactamente? ¿Tu novio serio, discutiendo matrimonio? —Su voz sube de tono a cada palabra—. Ni siquiera tengo un traje que me quede bien.
—Miles—
—Ya hablamos de esto, ¿recuerdas? De que no debemos hacerlo, de que arruinaría nuestra amistad. —Abro la boca, lista para explicar que sólo es una actuación, es falso, no cuenta , pero Miles sigue—. ¡Aunque sea fingido! ¿Y el brunch es mañana? ¿Mañana?
Deja la etiquetadora con manos temblorosas.
—No puedo… Rae, yo no… Trabajo en un almacén. Hago hojas de cálculo. No soy el tipo que finge relaciones con herederas de vieja alcurnia.
La palabra "heredera" queda entre nosotros como una acusación.
Tiene razón. Es una locura. Le estoy pidiendo que entre en los juegos retorcidos de mi familia, que mienta ante gente que desayuna mentirosos.
—Olvídalo —digo, retrocediendo hacia la puerta—. Tienes razón. Es una locura. Ya se me ocurrirá algo…
—Espera. —La palabra sale ahogada.
Miles mira las rosas como si pudieran ofrecerle una vía de escape. Aprieta la mandíbula, como si masticara palabras que no puede tragar. Cuando al fin me mira, su expresión es puro pánico.
—Está bien —susurra, apenas audible.
—¿Está bien?
Asiente una vez, como si fuera a vomitar.
—Sí. Yo… —Se detiene, pasa una mano por su cabello, dejándolo en puntas—. Dios. Está bien. Lo haré por ti.

Business marriage with BFF
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