

Descripción
Cuando el perfecto novio vampiro de Nora, Lucien, la deja en vez de convertirla, una brutal persecucion por Manhattan termina con ella desangrando a un desconocido en una iglesia y, accidentalmente, invocando a Dorian: el viejo vampiro y temible rival de Lucien. Ahora Dorian esta intrigado, ofreciendole proteccion, citas en museos a medianoche y una clase de ternura peligrosa que hace que Nora desee aquello que juro no volver a suplicar jamas: la eternidad al lado de alguien. Debatiendose entre su ansia de ser convertida y el terror de convertirse en otra "mascota" desechable, Nora debe decidir si puede confiarle su corazon al monstruo mas antiguo de la sala.
Capítulo 1
Feb 27, 2026
Punto de vista de Nora
"Hazlo, como prometiste."
Mi voz está ronca de repetir la misma exigencia una y otra vez. El loft se siente cavernoso a nuestro alrededor, todo cristal y sombra y muebles caros que antes me parecían hermosos. Una garrafa de vino oscuro descansa en la mesa entre Lucien y yo, intacta. Él lo llama vino. Yo sé que es otra cosa. Cerca de mis pies brillan astillas de algo que rompí antes.
"He terminado de reconsiderar", dice Lucien. Está de pie junto a la ventana, las manos en los bolsillos, mirando la ciudad en vez de mirarme a mí. El horizonte brilla tras él. Perfecto. Intocable. Igual que él.
"¿Terminado de reconsiderar qué?" El pecho se me aprieta. Ya sé la respuesta. Solo necesito oírsela decir.
"No voy a transformarte, después de todo." Su voz es casual, como si rechazara una invitación a un brunch. "Estuve equivocado al ofrecerlo en primer lugar."
Miro su espalda. Sus hombros están tensos a pesar de la postura relajada. "¿Equivocado en qué?"
Entonces se gira. Su rostro es liso, vacío de todo lo que solía ver allí. O creía ver. "Eres aburrida, Nora. Eres tan aburrida. Una eternidad con una moralista sería una condena, no un regalo."
Las palabras caen pesadas. Aprieto la mandíbula. Siento el calor subir por mi cuello.
"Estoy cansado de tus listas", continúa. "De tus escrúpulos diurnos. De la manera en que intentas injertar reglas en una vida que no las tiene. De tu actitud controladora. De tu perfeccionismo. Todo eso. Es agotador."
"¿Controladora?" Mi voz sale aguda. "Reorganicé toda mi vida por ti, Lucien. Me mudé al otro lado de la ciudad para estar más cerca de ti. Guardé tu secreto durante dos años. Quemé puentes con mi familia porque hacían demasiadas preguntas. Te esperé todas las noches. Confié en ti con todo."
"Y eso es muy dulce." Sonríe, pero la sonrisa no llega a sus ojos. "Esto en realidad es una misericordia. Terminarlo ahora."
"¿Una misericordia?" Me río. Suena roto. "Eres un cobarde. Disfrazas el miedo de sofisticación."
Su expresión se endurece. "Cuidado, Nora."
"Si no soy lo suficientemente buena para estar a tu lado, dilo claramente." Me acerco. "Dímelo a la cara."
Lucien me mira durante un largo momento. Luego dice: "No lo eres."
Mi mano se mueve antes de que pueda pensar. Empujo la garrafa fuera de la mesa. El líquido oscuro se esparce por la alfombra, extendiéndose como una mancha. Por un instante, su máscara se desliza. Veo el filo de los colmillos, el destello de hambre en sus ojos. Luego desaparece, reemplazado por esa expresión fría y aburrida.
"Te transferiré dinero", dice. "Pediré un auto. Eventualmente olvidarás todo esto."
"No quiero tu dinero." Mi voz tiembla. "Te quiero a ti."
"Bueno, no puedes tenerme."
Agarro mi bolso del sofá. Me tiemblan tanto las manos que casi lo dejo caer. Me dirijo hacia la puerta.
Se abre antes de que pueda alcanzarla.
Una mujer entra. Es deslumbrante de una manera que parece deliberada, como si alguien la hubiera diseñado específicamente para herirme. Vestido de seda negro que se ciñe a cada curva. Cabello oscuro recogido para mostrar pómulos afilados y un cuello largo y elegante. Una sonrisa que podría cortar vidrio.
"Cariño," ronronea, caminando directo hacia Lucien y rodeándole los hombros con un brazo. Sus dedos descansan posesivamente sobre su pecho. "Comenzaste sin mí."
El término cariñoso me golpea de lleno en el pecho. Dejo de moverme.
Lucien no se aparta de ella. Simplemente está allí, dejándola tocarlo como si fuera natural. Como si lo hubieran hecho miles de veces antes. Como si yo ni siquiera estuviera en la habitación.
"Soy Sabine," dice la mujer, dirigiéndome esa sonrisa. Parece disculparse. Sus ojos no. Son agudos y satisfechos. "Lo siento mucho, querida. Esto debe ser incómodo para ti."
"¿Quién es ella?" le pregunto a Lucien.
Sabine responde en su lugar. "La casa tiene reglas para los invitados diurnos, amor. Quedarse al anochecer confunde a los animales." Inclina la cabeza. "Convertir es un matrimonio de iguales, ¿entiendes? La eternidad no es caridad."
Sus palabras caen como vidrio pulido. Bonitas en la superficie, cortantes por debajo.
"¿Lucien?" Mi voz sale más pequeña de lo que quiero. Odio el temblor, odio cómo mi garganta se cierra alrededor de su nombre.
No responde de inmediato. Su mirada pasa de largo hacia las ventanas altas donde la luz se apaga, ese tipo de anochecer que difumina todo en el mismo gris. Cuando por fin vuelve a mirarme, esos ojos—hermosos, huecos—no revelan nada.
"Quizás necesitas más preparación. En otro lugar."
No se mueve. La mano de Sabine se desliza por el respaldo de su silla, casual, posesiva. El gesto es pequeño, pero retuerce algo profundo en mi pecho.
"¿Así que esto es todo?" No puedo creer lo que estoy oyendo. "¿Vas a dejar que ella hable por ti?"
"Deberías irte, Nora." Su voz es tranquila, como si habláramos del clima.
Me arde la garganta. Abro la puerta de golpe y salgo al pasillo.
"¿Cariño?" La voz de Sabine me sigue, ligera y casual. "¿Deberíamos siquiera dejar a un humano que sabe de nosotros vagando solo por ahí?"
Me quedo helada.
La pregunta queda flotando en el aire. Es retórica. Ensayada. Una mueca convertida en política.
Me doy la vuelta. La mirada de Lucien se desliza hacia mi garganta, hacia el pulso que siento martillear allí.
"No corras," dice suavemente.
No es una petición. Es una advertencia. Suave como terciopelo y peligrosa.
Cada instinto en mí me grita que me mueva. El orgullo me dice que permanezca firme, que los enfrente, que exija algo mejor. Pero mi cuerpo ya está tomando la decisión.
Corro.
Mis pies golpean fuerte el suelo del pasillo. Detrás de mí, escucho a Sabine reír. El sonido es agudo y alegre, como una niña que acaba de encontrar un juguete nuevo.
"Oh, esto será divertido," dice. "Me encanta una buena persecución."
No miro atrás. Corro hacia la escalera. Mi bolso golpea mi cadera a cada paso. El letrero de salida brilla en rojo al final del pasillo. Respiro a bocanadas. El corazón me late tan fuerte que duele. Ya los escucho detrás de mí. No se apresuran. No corren. Solo me siguen a su propio ritmo. Como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
Como si ya estuviera muerta.

The First Vampire's Heart
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